¿Cómo saber si mi gato tiene fiebre? Síntomas, cómo medirla y cuándo acudir al veterinario

Cuando una persona tiene fiebre suele ser fácil darse cuenta. Nos encontramos más cansados de lo normal, sentimos escalofríos y, con un simple termómetro, podemos comprobar si la temperatura corporal ha subido. Con los gatos ocurre algo muy diferente.

Hace un tiempo, un amigo me llamó preocupado porque su gato llevaba todo el día escondido debajo de la cama. Apenas había comido, no quería jugar y lo notaba mucho más tranquilo de lo habitual. Su primera pregunta fue: «¿Crees que tendrá fiebre?». La realidad es que ninguno de los dos podía saberlo simplemente mirándolo.

Y ese es precisamente uno de los mayores problemas. Los gatos son expertos ocultando que se encuentran mal. Es un comportamiento heredado de sus antepasados salvajes, ya que mostrar debilidad podía convertirlos en una presa fácil. Por eso, cuando un gato empieza a encontrarse realmente mal, muchas veces lleva horas —o incluso días— intentando disimularlo.

La fiebre no es una enfermedad en sí misma. Es una respuesta del organismo frente a una infección, una inflamación o diferentes problemas de salud. Aprender a reconocer sus síntomas y saber cuándo acudir al veterinario puede marcar la diferencia para que nuestro gato reciba el tratamiento adecuado lo antes posible.

¿Qué se considera fiebre en un gato?

Antes de hablar de síntomas conviene aclarar una duda muy común.

La temperatura corporal normal de un gato es más alta que la de una persona. Mientras que nosotros solemos movernos alrededor de los 36,5-37 ºC, los gatos sanos suelen encontrarse entre 38 y 39,2 ºC aproximadamente.

Por eso muchas personas creen que su gato tiene fiebre simplemente porque al tocarle las orejas o la nariz las notan calientes.

La realidad es que esa sensación no sirve para saber si existe fiebre.

La única manera fiable de conocer la temperatura corporal es utilizando un termómetro adecuado.

¿Cómo puedo saber si mi gato tiene fiebre sin un termómetro?

Aunque no podamos confirmarlo con seguridad, sí existen algunas señales que pueden hacernos sospechar.

Lo primero que suelo recomendar es olvidarse de la nariz.

Existe la creencia de que un gato con la nariz seca tiene fiebre y uno con la nariz húmeda está sano. Sin embargo, eso es un mito.

La humedad de la nariz cambia continuamente a lo largo del día y depende de muchos factores, como la temperatura ambiente, el descanso o incluso el momento en el que el gato acaba de limpiarse.

Hay otros cambios que sí resultan mucho más útiles.

Por ejemplo, un gato con fiebre suele mostrarse menos activo. Si normalmente corre por casa, busca compañía o reclama atención y de repente pasa gran parte del día escondido, merece la pena observarlo con más atención.

También puede perder el apetito. Este suele ser uno de los primeros cambios que muchos propietarios detectan.

A veces simplemente deja parte de la comida en el cuenco. Otras ni siquiera se acerca cuando llega la hora de comer, algo que en un gato sano suele llamar bastante la atención.

El comportamiento dice mucho más de lo que parece

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que conocer bien a tu gato es una ventaja enorme.

Cada uno tiene una personalidad distinta.

Hay gatos muy tranquilos por naturaleza y otros que prácticamente no paran quietos durante el día.

Por eso, más que comparar tu gato con otros, conviene compararlo consigo mismo.

Si de repente deja de hacer cosas que siempre hacía, duerme mucho más de lo habitual, evita el contacto o parece incómodo al moverse, probablemente está intentando decirnos que algo no va bien.

Muchas veces esos pequeños cambios aparecen incluso antes que otros síntomas más evidentes.

¿Cómo se mide la temperatura de un gato?

Si realmente quieres saber si tiene fiebre, la única forma fiable es utilizar un termómetro digital.

Lo habitual es medir la temperatura por vía rectal, ya que ofrece el resultado más preciso.

Reconozco que no es una tarea sencilla, especialmente si el gato no está acostumbrado a que lo manipulen.

Lo ideal es hacerlo entre dos personas.

Mientras una sujeta al gato con suavidad intentando mantenerlo tranquilo, la otra introduce cuidadosamente el termómetro, previamente lubricado, apenas unos centímetros.

Si el gato está muy nervioso o existe riesgo de hacerle daño, es preferible dejar que sea el veterinario quien realice la medición.

Forzar la situación solo conseguirá aumentar su estrés.

¿Qué puede provocar fiebre?

Las causas son muy variadas.

Una infección bacteriana o vírica es una de las posibilidades más frecuentes, pero no la única.

También puede aparecer como consecuencia de una herida infectada, una enfermedad inflamatoria, problemas dentales o incluso determinadas patologías internas.

En ocasiones la fiebre es solo uno de varios síntomas.

Por ejemplo, un gato que además de fiebre presenta vómitos o diarrea probablemente necesite una exploración veterinaria para averiguar qué está ocurriendo realmente.

Si tu gato también ha vomitado recientemente, puede interesarte nuestro artículo sobre por qué mi gato vomita y cuándo debes preocuparte.

Otros síntomas que pueden acompañar a la fiebre

La fiebre rara vez aparece sola.

Es bastante habitual que vaya acompañada de otros cambios que pueden ayudarnos a entender mejor la situación.

Un gato con fiebre puede respirar algo más rápido de lo habitual, beber más agua, buscar lugares tranquilos donde esconderse o incluso descuidar su higiene durante uno o dos días.

También es frecuente que deje de acicalarse.

Quienes convivimos con gatos sabemos lo meticulosos que son con su limpieza. Precisamente por eso, cuando un gato deja de arreglarse el pelo durante un tiempo, suele ser una señal de que no se encuentra bien.

¿Debo darle algún medicamento?

La respuesta es muy clara: no.

Es uno de los errores más peligrosos que pueden cometerse.

Medicamentos tan comunes para las personas como el paracetamol o el ibuprofeno pueden resultar extremadamente tóxicos para los gatos.

Aunque parezca una dosis muy pequeña, nunca deberían administrarse sin indicación veterinaria.

Si sospechas que tu gato tiene fiebre, lo más recomendable es mantenerlo tranquilo, asegurarte de que dispone de agua fresca y acudir a un profesional para averiguar la causa.

¿Cuándo debería acudir al veterinario?

En mi opinión, aquí no merece la pena esperar demasiado.

Si notas que tu gato lleva más de un día sin comer, permanece completamente decaído o sospechas que realmente tiene fiebre, lo mejor es pedir cita cuanto antes.

También conviene acudir inmediatamente si aparecen otros síntomas como dificultad para respirar, vómitos continuos, diarrea intensa, convulsiones o cualquier cambio importante en su comportamiento.

La fiebre suele ser una consecuencia de otro problema.

Y cuanto antes se encuentre la causa, antes podrá empezar el tratamiento adecuado.

La American Association of Feline Practitioners (AAFP) recuerda que los cambios de comportamiento, la pérdida de apetito y el letargo son algunos de los signos más importantes que los propietarios deberían vigilar cuando sospechan que un gato puede estar enfermo.

Conclusión

A diferencia de las personas, los gatos no pueden decirnos que se encuentran mal. Por eso debemos aprender a interpretar los pequeños cambios en su comportamiento.

Con el tiempo he aprendido que, muchas veces, un gato avisa mucho antes con su actitud que con síntomas llamativos. Deja de jugar, duerme más, se esconde o simplemente deja de acercarse al cuenco cuando oye que le estás preparando la comida.

No siempre será fiebre, por supuesto, pero prestar atención a esos detalles puede ayudarte a detectar un problema de salud antes de que vaya a más.

Si alguna vez tienes dudas, recuerda que medir la temperatura correctamente y consultar con un veterinario siempre será la opción más segura.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi gato tiene fiebre sin un termómetro?

No puedes confirmarlo con seguridad, pero la apatía, la pérdida de apetito, el exceso de sueño o el aislamiento pueden hacer sospechar que algo no va bien.

¿Es cierto que la nariz caliente significa que tiene fiebre?

No. La temperatura o la humedad de la nariz no sirven para saber si un gato tiene fiebre.

¿Cuál es la temperatura normal de un gato?

Generalmente entre 38 y 39,2 ºC, aunque puede variar ligeramente según cada animal.

¿Puedo darle paracetamol si tiene fiebre?

No. El paracetamol y otros medicamentos de uso humano pueden ser muy tóxicos para los gatos y nunca deben administrarse sin la indicación de un veterinario.

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