Cuando empecé a convivir con gatos, una de las cosas que más me sorprendió fue descubrir lo poco que necesitaban nuestra ayuda para mantenerse limpios. Pasaban buena parte del día acicalándose y daba la sensación de que llegaban a todos los rincones de su cuerpo. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que había zonas a las que no siempre podían prestar la misma atención.
Las orejas son un buen ejemplo.
Durante bastante tiempo ni siquiera pensé en revisarlas. Sinceramente, creía que, si el gato no se rascaba y parecía encontrarse bien, no hacía falta hacer nada. Fue en una revisión veterinaria cuando vi cómo el profesional levantaba con cuidado una oreja, la observaba unos segundos y me explicó que acostumbrarse a revisarlas de vez en cuando era una buena costumbre.
No porque haya que limpiarlas constantemente, sino porque muchas veces los primeros signos de un problema aparecen precisamente ahí.
En este artículo voy a explicar cuándo es recomendable limpiar las orejas de un gato, cómo hacerlo correctamente y qué señales indican que es mejor dejar el cuidado en manos de un veterinario.
Las orejas de un gato suelen limpiarse solas
Esta es una de las primeras cosas que conviene saber.
Igual que ocurre con el baño, muchas personas piensan que las orejas necesitan una limpieza periódica simplemente porque sí.
La realidad es bastante diferente.
En un gato sano, el oído produce una pequeña cantidad de cerumen que ayuda a proteger el canal auditivo. Esa cera, junto con los movimientos normales del animal, suele eliminarse de forma natural.
Por eso, en la mayoría de los casos, unas orejas limpias no necesitan que hagamos absolutamente nada.
Y eso, en mi opinión, también es una forma de cuidar bien de un gato: no intervenir cuando no hace falta.
Acostúmbrate a observarlas
Aunque no sea necesario limpiarlas con frecuencia, sí creo que merece la pena echarles un vistazo de vez en cuando.
No hace falta hacerlo todos los días.
Muchas veces aprovecho un momento en el que el gato está relajado, tumbado en el sofá o después de cepillarlo.
Levantar suavemente la oreja apenas lleva unos segundos y permite comprobar que todo tiene un aspecto normal.
Una oreja sana suele verse limpia, de color rosado y sin un exceso de cera.
Si empiezas a familiarizarte con ese aspecto normal, te resultará mucho más fácil detectar cualquier cambio en el futuro.

¿Cuándo conviene limpiarlas?
No existe una frecuencia fija.
Hay gatos que pasan toda la vida sin necesitar una limpieza específica.
Sin embargo, si observas una pequeña acumulación de cera en la parte más externa de la oreja, puede ser un buen momento para retirarla.
Eso sí, siempre hablamos de la zona visible.
Nunca deberíamos intentar introducir bastoncillos, pinzas u otros objetos dentro del canal auditivo.
Es un error bastante frecuente y puede acabar causando más problemas que beneficios.
Lo importante no es limpiar mucho, sino limpiar bien
Durante años hemos asociado la limpieza de los oídos al uso de bastoncillos de algodón.
Con los gatos ocurre exactamente lo contrario.
Introducir un bastoncillo puede empujar la suciedad hacia el interior del oído, irritar la piel o incluso provocar lesiones.
La primera vez que leí esto me sorprendió bastante, porque era justo lo contrario de lo que mucha gente hace por costumbre.
La forma más segura consiste en utilizar una gasa limpia o un algodón ligeramente humedecido con un limpiador ótico específico para gatos.
Después basta con retirar suavemente la suciedad visible de la parte externa.
Nada más.
Cómo hacer que el gato esté tranquilo
Hay una pequeña diferencia entre sujetar y acompañar.
Muchos gatos aceptan perfectamente que les toquemos las orejas si sienten que mantienen el control de la situación.
En cambio, si intentamos inmovilizarlos completamente desde el principio, es mucho más probable que quieran escapar.
Yo prefiero esperar a un momento en el que esté relajado, acariciarlo unos minutos y empezar poco a poco.
Muchas veces ni siquiera termino las dos orejas seguidas.
Si veo que empieza a ponerse incómodo, prefiero continuar más tarde.
Curiosamente, hacerlo así suele acabar siendo mucho más rápido.
Hay señales que no deberíamos ignorar
No toda la suciedad es normal.
Si observas un cerumen muy oscuro, parecido a los posos del café, un olor intenso o notas que el gato se rasca continuamente, conviene acudir al veterinario.
Lo mismo ocurre si sacude mucho la cabeza o mantiene una oreja caída durante varios días.
Estos síntomas pueden estar relacionados con ácaros, infecciones u otros problemas que necesitan tratamiento.
Intentar solucionarlo únicamente limpiando la oreja suele retrasar el diagnóstico.

¿Los ácaros son frecuentes?
Especialmente en gatos jóvenes o en aquellos que conviven con otros animales.
Los ácaros son pequeños parásitos que viven en el oído y provocan bastante picor.
Muchos gatos empiezan a rascarse con insistencia y producen una secreción muy oscura.
A simple vista puede parecer solo suciedad, pero la diferencia suele apreciarse rápidamente durante una exploración veterinaria.
Aprovecha otros cuidados para revisar las orejas
Hay una costumbre que me parece muy práctica.
Siempre que corto las uñas o cepillo el pelo, aprovecho esos mismos minutos para revisar también los ojos, las orejas y el estado general del pelaje.
No porque espere encontrar algo.
Simplemente porque conocer el aspecto habitual del gato hace mucho más fácil detectar cualquier cambio.
Hace poco publiqué una guía completa sobre cómo cortar las uñas a un gato sin hacerle daño, donde explico cómo convertir estos pequeños cuidados en una rutina tranquila.
El cepillado también ayuda
Aunque parezca que no tiene relación, cepillar regularmente a un gato permite detectar pequeñas heridas, bultos o molestias mientras acariciamos todo su cuerpo.
Además, muchos gatos ya están relajados durante ese momento, por lo que revisar las orejas apenas supone unos segundos más.
Pronto publicaré una guía completa sobre cómo cepillar correctamente a un gato.
¿Cuándo debería acudir al veterinario?
Siempre que aparezcan síntomas como:
- mal olor persistente;
- secreciones oscuras abundantes;
- inflamación;
- dolor al tocar la oreja;
- rascado continuo;
- pérdida de equilibrio o inclinación de la cabeza.
La organización International Cat Care recomienda no introducir objetos dentro del oído y consultar con un veterinario ante cualquier signo de infección o molestia persistente.
Conclusión
Con el tiempo he aprendido que cuidar las orejas de un gato consiste mucho más en observar que en limpiar.
La mayoría de los gatos sanos apenas necesitan ayuda para mantenerlas en buen estado. Sin embargo, dedicar unos segundos a revisarlas de vez en cuando puede ayudarte a detectar problemas antes de que empiecen a causar molestias importantes.
Al final, muchas veces los mejores cuidados son precisamente los más sencillos: observar, conocer a tu gato y actuar solo cuando realmente hace falta.
Preguntas frecuentes
¿Hay que limpiar las orejas de un gato todos los meses?
No. La mayoría de los gatos sanos no necesitan una limpieza periódica.
¿Puedo usar bastoncillos de algodón?
No es recomendable, ya que pueden empujar la suciedad hacia el interior del oído o provocar lesiones.
¿Qué color debe tener una oreja sana?
Normalmente rosada, limpia y con muy poca cera visible.
¿Cuándo debo preocuparme?
Si aparece mal olor, mucha cera oscura, inflamación, rascado constante o el gato muestra signos de dolor.
