Cómo cepillar a un gato correctamente: beneficios, frecuencia y errores que debes evitar

Si hay un momento que muchos gatos parecen disfrutar de verdad, ese es el cepillado. Evidentemente no ocurre con todos, pero es curioso cómo algunos pasan de estar completamente despiertos a empezar a cerrar los ojos y ronronear en cuestión de segundos cuando sacas el cepillo.

Recuerdo que la primera vez que intenté cepillar a un gato pensé que simplemente servía para quitar el pelo muerto. Era una de esas tareas que haces porque has oído que «hay que hacerla», sin darle demasiadas vueltas. Con el tiempo descubrí que un buen cepillado aporta mucho más de lo que parece a simple vista.

No solo ayuda a mantener el pelaje limpio y bonito. También reduce la cantidad de pelo que el gato termina tragando cuando se acicala, permite detectar pequeños cambios en la piel antes de que se conviertan en un problema y, en muchos casos, termina convirtiéndose en un momento tranquilo que fortalece la confianza entre el gato y la persona que convive con él.

Como ocurre con casi todos los cuidados, la clave no está en hacerlo mucho, sino en hacerlo bien.

¿Todos los gatos necesitan que los cepillen?

La respuesta corta sería que sí, aunque no todos con la misma frecuencia.

Al principio pensaba que los gatos de pelo corto apenas necesitaban ayuda porque siempre los veía perfectamente limpios.

Es cierto que dedican una parte importante del día a acicalarse, pero eso no significa que eliminen todo el pelo muerto.

Con un cepillado regular es fácil darse cuenta de la cantidad de pelo que queda atrapado en el cepillo y que, de otra manera, acabaría repartido por el sofá… o dentro del propio estómago del gato.

En los gatos de pelo largo la diferencia es todavía más evidente.

En razas como el Maine Coon, el Bosque de Noruega o el Persa, el cepillado deja de ser un simple cuidado estético para convertirse en una parte importante de su rutina.

Más que una cuestión de limpieza

Hay algo que me llamó bastante la atención cuando empecé a cepillar gatos con cierta frecuencia.

Mientras el cepillo recorre el cuerpo, inevitablemente acabas observando el estado de la piel, las orejas, los ojos y hasta las almohadillas de las patas.

Sin darte cuenta, el cepillado se convierte en una pequeña revisión general.

Más de una persona descubre un pequeño bulto, una garrapata, una herida o una zona irritada simplemente porque estaba cepillando a su gato con tranquilidad.

Y ese tipo de detalles, detectados a tiempo, pueden evitar problemas mayores.

Elegir el cepillo adecuado marca la diferencia

No existe un cepillo perfecto para todos los gatos.

Durante un tiempo pensé que cualquiera servía, pero basta con probar dos modelos diferentes para darse cuenta de que no todos funcionan igual.

Los gatos de pelo corto suelen necesitar cepillos mucho más suaves, mientras que los de pelo largo agradecen herramientas capaces de llegar hasta las capas interiores del pelaje sin tirar del pelo.

Lo importante es que el cepillado resulte agradable.

Si cada pasada provoca tirones, es muy probable que el gato termine asociando el cepillo con una experiencia negativa.

El mejor momento para cepillarlo

Con los años he aprendido que intentar hacer cualquier cuidado cuando el gato está lleno de energía suele acabar mal.

En cambio, después de una siesta o cuando ya lleva un rato descansando cerca de nosotros, normalmente todo resulta mucho más sencillo.

No hace falta sujetarlo.

Ni obligarlo.

Muchas veces basta con empezar despacio por zonas que suelen gustarles, como el cuello o la espalda.

Si ves que disfruta, poco a poco podrás cepillar el resto del cuerpo.

Los nudos nunca deberían arrancarse

En gatos de pelo largo es relativamente habitual encontrar pequeños nudos.

La primera reacción suele ser intentar quitarlos tirando un poco más fuerte.

Sin embargo, esa suele ser la forma más rápida de que el gato deje de confiar en el cepillo.

Cuando un nudo es pequeño, puede desenredarse poco a poco con paciencia.

Si ya está muy compacto, muchas veces resulta más seguro acudir a un profesional antes que intentar solucionarlo a la fuerza.

¿Con qué frecuencia conviene cepillarlo?

Depende mucho del tipo de pelo.

Un gato de pelo corto puede mantenerse perfectamente con dos o tres sesiones de cepillado a la semana.

En cambio, uno de pelo largo suele agradecer que el cepillo forme parte de su rutina prácticamente todos los días, especialmente durante las épocas de muda.

Más que seguir un calendario fijo, prefiero fijarme en el propio gato.

Cuando el cepillo empieza a recoger mucho más pelo de lo habitual, normalmente significa que ha llegado el momento de aumentar un poco la frecuencia.

El cepillado ayuda a prevenir las bolas de pelo

Este es uno de los beneficios que más se mencionan y, después de informarme sobre el tema, entendí perfectamente por qué.

Cada pelo muerto que retiramos con el cepillo es un pelo menos que el gato tragará cuando se limpie.

Eso reduce las probabilidades de que se formen bolas de pelo en el estómago y, en algunos casos, también disminuye la aparición de vómitos relacionados con ellas.

Hace un tiempo publiqué un artículo explicando por qué los gatos vomitan y una de las causas más frecuentes eran precisamente las bolas de pelo.

Aprovecha para revisar otras zonas

Hay una costumbre que terminé adquiriendo casi sin darme cuenta.

Cuando saco el cepillo, también reviso las uñas, las orejas y los ojos.

No porque espere encontrar algo raro.

Simplemente porque el gato ya está tranquilo y esos pocos minutos sirven para comprobar que todo sigue teniendo buen aspecto.

Si todavía no has leído las otras guías de cuidados, quizá puedan resultarte útiles:

¿Qué errores conviene evitar?

Uno de los más habituales es pensar que cuanto más tiempo cepillemos al gato, mejor.

La realidad es que una sesión corta y agradable suele ser mucho más útil que veinte minutos insistiendo cuando el gato ya quiere marcharse.

También conviene evitar cepillar siempre con prisas.

Los gatos perciben muy bien nuestro estado de ánimo.

Si nosotros estamos nerviosos, ellos suelen responder exactamente igual.

¿Cuándo acudir a un profesional?

Si el pelaje presenta nudos muy grandes, el gato tiene problemas de piel o cada intento de cepillado termina convirtiéndose en una situación muy estresante, quizá sea el momento de pedir ayuda.

En algunos casos un peluquero felino o un veterinario pueden ofrecer soluciones mucho más seguras que intentar resolver el problema en casa.

La organización International Cat Care recomienda adaptar el cepillado al tipo de pelo del gato y convertirlo siempre en una experiencia positiva para evitar que el animal desarrolle rechazo hacia este cuidado.

Conclusión

Si tuviera que resumir todo lo aprendido sobre el cepillado en una sola idea, diría que es mucho más que una forma de mantener bonito el pelaje.

Es un momento para observar, para detectar pequeños cambios y, en muchos casos, para compartir unos minutos de tranquilidad con el gato.

Cada uno tiene su carácter. Algunos disfrutarán desde el primer día y otros necesitarán tiempo para acostumbrarse. Lo importante es no convertir el cepillado en una obligación ni para él ni para nosotros.

Con un poco de paciencia, suele acabar formando parte de la rutina de una manera completamente natural.

Preguntas frecuentes

¿Todos los gatos necesitan cepillarse?

Sí, aunque la frecuencia dependerá del tipo de pelo y de la cantidad de pelo muerto que acumulen.

¿Cuántas veces por semana debería cepillarlo?

Los gatos de pelo corto suelen necesitar menos sesiones que los de pelo largo, especialmente durante la muda.

¿El cepillado evita las bolas de pelo?

Ayuda a reducirlas porque elimina parte del pelo muerto antes de que el gato lo trague al acicalarse.

¿Qué hago si no le gusta el cepillo?

Empieza con sesiones muy cortas, en momentos de calma y sin obligarlo. La paciencia suele dar mejores resultados que intentar terminar todo el mismo día.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio