Encontrarte un vómito en el suelo es, probablemente, una de las situaciones que más preocupan a cualquier persona que convive con un gato. Da igual que lleves pocos meses con él o que compartáis la vida desde hace años: cuando ves que ha vomitado, lo primero que suele venirte a la cabeza es pensar que está enfermo.
A mí también me pasó la primera vez. Recuerdo que vi un pequeño charco junto al sofá y enseguida empecé a preguntarme si habría comido algo que no debía o si era el inicio de un problema más serio. Sin embargo, con el tiempo descubrí que los vómitos en los gatos son mucho más frecuentes de lo que imaginamos y que, afortunadamente, no siempre indican que exista una enfermedad grave.
Eso sí, tampoco conviene quitarles importancia sin más. Hay una gran diferencia entre un gato que vomita una bola de pelo de forma puntual y otro que lleva varios días vomitando, ha dejado de comer o muestra signos claros de malestar. Aprender a distinguir unas situaciones de otras puede ayudarte a reaccionar con calma cuando no hay motivo para alarmarse y, al mismo tiempo, actuar con rapidez cuando realmente hace falta acudir al veterinario.
En este artículo voy a explicar las causas más habituales por las que un gato puede vomitar, qué señales deberían hacerte prestar más atención y qué puedes hacer para intentar prevenir este problema.
Vomitar una vez no siempre significa que tu gato esté enfermo
Este es, probablemente, el mensaje más importante de todo el artículo.
Los gatos pueden vomitar de forma puntual por motivos completamente normales. Igual que una persona puede encontrarse mal del estómago un día concreto sin que exista una enfermedad importante detrás, un gato también puede expulsar el contenido de su estómago de manera ocasional.
El problema aparece cuando el vómito empieza a repetirse con frecuencia o viene acompañado de otros síntomas.
Por eso, antes de sacar conclusiones, conviene fijarse en varios aspectos.
¿Cuántas veces ha vomitado?
¿Ha seguido comiendo con normalidad?
¿Continúa jugando y comportándose como siempre?
¿El vómito contiene comida, espuma, líquido transparente o una bola de pelo?
Responder a estas preguntas suele aportar mucha más información que el propio hecho de haber vomitado.
Las bolas de pelo son una de las causas más frecuentes
Si tienes un gato de pelo medio o largo, seguramente ya habrás visto alguna vez uno de esos cilindros de pelo mezclados con un poco de líquido.
Aunque mucha gente habla de «vomitar una bola de pelo», en realidad el pelo llega al estómago porque el propio gato lo traga mientras se acicala.
Los gatos dedican una parte importante del día a limpiarse. Su lengua, cubierta de pequeñas papilas, actúa como un auténtico cepillo capaz de atrapar pelos muertos que después terminan siendo ingeridos.
La mayor parte de ese pelo atraviesa el aparato digestivo sin problemas y se elimina con las heces. Sin embargo, cuando se acumula en exceso, el organismo intenta expulsarlo mediante el vómito.
En épocas de muda, especialmente durante la primavera y el otoño, este comportamiento puede hacerse algo más frecuente.
Una buena rutina de cepillado ayuda muchísimo a reducir la cantidad de pelo que el gato termina tragando.
Comer demasiado rápido también puede provocar vómitos
Hay gatos que parecen auténticas aspiradoras.
En cuanto les sirves la comida, la devoran en cuestión de segundos sin apenas masticar.
Cuando esto ocurre, el estómago puede llenarse demasiado deprisa y reaccionar expulsando parte del alimento pocos minutos después.
En estos casos suele verse perfectamente que el gato vomita la comida casi entera, sin apenas haber empezado a digerirla.
La primera vez que vi algo así pensé que el pienso le había sentado mal. Más tarde descubrí que simplemente había comido con demasiada ansiedad.
Si esto ocurre con frecuencia, existen comederos interactivos o de alimentación lenta que obligan al gato a comer poco a poco. En muchos casos el problema desaparece simplemente cambiando el tipo de comedero.
Un cambio brusco de alimentación puede sentarle mal
Los gatos suelen ser bastante sensibles a los cambios en su dieta.
Es algo que muchas veces pasamos por alto porque pensamos que cambiar de marca de pienso o introducir una nueva comida húmeda no tiene demasiada importancia.
Sin embargo, su aparato digestivo necesita tiempo para adaptarse.
Cuando el cambio se realiza de un día para otro, algunos gatos reaccionan con vómitos o diarrea.
Por eso, siempre que sea posible, lo recomendable es introducir el nuevo alimento de forma progresiva durante aproximadamente una semana, mezclándolo poco a poco con el anterior.
Si estás pensando en revisar la alimentación de tu gato, quizá también te interese nuestro artículo sobre cuántas veces debe comer un gato al día, donde explico cómo organizar correctamente sus comidas.
Algunas plantas pueden resultar peligrosas
Una de las cosas que más me sorprendió cuando empecé a informarme sobre la salud de los gatos fue descubrir la cantidad de plantas de interior que pueden provocar problemas.
Muchas personas tienen lirios, potos, dieffenbachias o aloe vera en casa sin saber que algunas de ellas pueden resultar tóxicas para los gatos si las mastican.
En ocasiones el primer síntoma es precisamente el vómito.
Si además observas salivación excesiva, apatía o dificultad para caminar después de que el gato haya mordisqueado una planta, conviene acudir cuanto antes al veterinario.

Los alimentos humanos también pueden estar detrás del problema
Es bastante habitual que un gato sienta curiosidad por la comida que estamos preparando.
Aunque parezca inofensivo darle «un trocito» de lo que estamos comiendo, algunos alimentos pueden provocar molestias digestivas e incluso intoxicaciones.
Chocolate, cebolla, ajo, uvas o bebidas con cafeína son solo algunos ejemplos.
Hace poco preparé una guía completa explicando qué alimentos nunca deberíamos ofrecer a un gato y por qué pueden resultar peligrosos.
Click en el siguiente articulo para saber más: ¿Qué alimentos son tóxicos para los gatos?
El estrés también puede afectar al estómago
No solemos relacionar ambas cosas, pero los gatos son animales muy sensibles a los cambios.
Una mudanza, la llegada de otra mascota, una reforma en casa o incluso modificar su rutina diaria puede generarles un nivel de estrés suficiente como para afectar a su sistema digestivo.
Algunos dejan de comer.
Otros comen más deprisa.
Y algunos terminan vomitando de forma ocasional.
Por eso, cuando aparece un vómito aislado, siempre merece la pena pensar si durante los últimos días ha ocurrido algún cambio importante en su entorno.
A veces la causa no está en el estómago, sino en cómo está viviendo esa situación.
¿Cuándo el vómito deja de ser algo normal?
Aquí es donde conviene prestar mucha atención.
Aunque un vómito puntual pueda no tener importancia, existen determinadas situaciones que deberían hacer saltar las alarmas.
Por ejemplo, cuando el gato vomita varias veces el mismo día, cuando lleva dos o tres días seguidos haciéndolo o cuando, además, deja de comer y se muestra mucho más apagado de lo habitual.
También es importante observar el aspecto del vómito.
No es lo mismo expulsar una bola de pelo que vomitar sangre, un líquido de color muy oscuro o una gran cantidad de espuma repetidamente.
En estos casos no merece la pena esperar «a ver si mañana está mejor». Cuanto antes pueda valorarlo un veterinario, mayores serán las posibilidades de encontrar la causa y tratarla correctamente.
Algunas enfermedades también pueden provocar vómitos
Aunque muchas veces el origen del problema es algo puntual y sin demasiada importancia, no debemos olvidar que el vómito también puede ser uno de los primeros síntomas de diferentes enfermedades.
No significa que cada vez que un gato vomita tenga un problema grave, pero sí conviene conocer algunas de las causas más habituales.
Las enfermedades digestivas, como una gastritis o una inflamación intestinal, pueden provocar vómitos repetidos durante varios días. También ocurre con algunos parásitos intestinales, especialmente en gatos jóvenes o en aquellos que no siguen un calendario regular de desparasitación.
Por otro lado, existen enfermedades que, aunque no afectan directamente al estómago, también pueden provocar este síntoma. Es el caso de algunos problemas renales, enfermedades hepáticas, pancreatitis o incluso determinadas alteraciones hormonales.
Precisamente por eso resulta tan difícil saber la causa únicamente observando el vómito. Dos gatos pueden presentar exactamente el mismo síntoma y, sin embargo, tener problemas completamente distintos.
Por eso siempre recomiendo fijarse en el conjunto del comportamiento del gato y no únicamente en un vómito aislado.
El aspecto del vómito también puede dar pistas
Una de las primeras preguntas que suele hacer un veterinario es cómo era exactamente el vómito.
Y tiene sentido.
No es lo mismo encontrar comida prácticamente sin digerir que una pequeña cantidad de espuma blanca o un líquido amarillento.
Cuando el gato vomita el alimento pocos minutos después de comer, muchas veces está relacionado con una ingesta demasiado rápida o con una irritación puntual del estómago.
La espuma blanca suele aparecer cuando el estómago está vacío y continúa intentando expulsar contenido. En ocasiones ocurre porque el gato lleva demasiadas horas sin comer, aunque también puede estar relacionada con otras enfermedades digestivas.
El líquido amarillento suele corresponder a bilis y aparece con cierta frecuencia cuando el estómago permanece vacío durante bastante tiempo.
En cambio, si observas sangre, un color muy oscuro parecido a los posos del café o cualquier elemento extraño, no merece la pena intentar averiguar qué ocurre por internet. Lo correcto es acudir cuanto antes al veterinario.

Hay comportamientos que ayudan a distinguir un problema leve de uno importante
Con el tiempo me he dado cuenta de que muchas veces el propio comportamiento del gato aporta más información que el vómito.
Un gato que vomita una vez, cinco minutos después está jugando, pide comida y vuelve a comportarse como siempre suele transmitir un mensaje muy diferente al de otro que se esconde debajo de la cama, rechaza el alimento y permanece inmóvil durante horas.
Los gatos son expertos en disimular el dolor.
Precisamente por eso, cuando dejan de comportarse como siempre, merece la pena prestarles atención.
Muchas personas esperan a que aparezcan síntomas muy evidentes para acudir al veterinario, cuando en realidad pequeños cambios de comportamiento ya pueden indicar que algo no va bien.
Qué no deberías hacer si tu gato vomita
Cuando aparece un vómito es normal querer ayudar cuanto antes.
Sin embargo, existen algunos errores bastante frecuentes.
Uno de ellos es ofrecer medicamentos de uso humano pensando que aliviarán el estómago del gato.
Nunca debería hacerse sin indicación veterinaria.
Muchos medicamentos completamente seguros para las personas pueden resultar muy peligrosos para un gato.
Tampoco es recomendable obligarlo a comer inmediatamente después de haber vomitado.
Lo habitual es dejar que el estómago descanse un poco antes de volver a ofrecer pequeñas cantidades de alimento, siempre siguiendo las recomendaciones del veterinario si los vómitos continúan.
Y, por supuesto, tampoco conviene esperar varios días pensando que «ya se le pasará» cuando el gato continúa vomitando repetidamente.
¿Cómo suele actuar un veterinario?
Esta es otra duda bastante habitual.
Muchas personas piensan que existe una prueba concreta para averiguar por qué un gato vomita, pero la realidad es que el diagnóstico suele construirse poco a poco.
Lo primero será realizar una exploración física y hacer preguntas sobre la frecuencia de los vómitos, el tipo de alimentación, los cambios recientes en casa o la presencia de otros síntomas.
Dependiendo de lo que observe, el veterinario podrá recomendar análisis de sangre, pruebas de imagen, ecografías o estudios específicos para descartar determinadas enfermedades.
Aunque pueda parecer un proceso largo, muchas veces es la única forma de encontrar la causa real del problema.
La prevención sigue siendo la mejor herramienta
No todos los vómitos pueden evitarse, pero sí existen pequeños hábitos que reducen bastante las probabilidades de que aparezcan.
Cepillar regularmente a los gatos de pelo largo ayuda a disminuir la formación de bolas de pelo.
Evitar cambios bruscos en la alimentación también reduce el riesgo de problemas digestivos.
Mantener fuera de su alcance plantas tóxicas, alimentos peligrosos y productos de limpieza es otra medida muy sencilla que puede evitar más de un susto.
Y algo que muchas veces olvidamos: jugar con ellos.
Un gato activo física y mentalmente suele gestionar mucho mejor el estrés que uno que pasa todo el día sin estímulos.
¿Cuándo acudir inmediatamente al veterinario?
Aunque un vómito aislado no siempre requiere atención urgente, existen situaciones en las que no conviene esperar.
Yo acudiría cuanto antes si ocurre cualquiera de estas situaciones:
- el gato vomita varias veces en pocas horas;
- deja completamente de comer;
- está muy decaído o apenas responde;
- aparece sangre en el vómito;
- sospechas que ha ingerido un alimento tóxico o un objeto extraño;
- tiene dificultad para respirar o muestra signos evidentes de dolor.
En estos casos, esperar para ver si mejora por sí solo puede hacer que el problema avance más de lo necesario.
La organización International Cat Care recomienda acudir al veterinario siempre que el vómito sea persistente o aparezca acompañado de otros síntomas que indiquen enfermedad.
(Enlace externo: https://icatcare.org/advice/vomiting-in-cats/)
Conclusión
Después de convivir con gatos y leer bastante sobre su comportamiento, una de las cosas que más me llamó la atención fue descubrir que vomitar no siempre significa lo mismo.
Al principio reconozco que me preocupaba cada vez que encontraba un vómito en casa. Con el tiempo entendí que una bola de pelo ocasional o un episodio puntual después de comer demasiado rápido no tiene por qué indicar una enfermedad.
Sin embargo, también aprendí que los gatos suelen ocultar muy bien el malestar y que, cuando los vómitos empiezan a repetirse o aparecen junto a otros síntomas, merece la pena actuar cuanto antes.
Al final, nadie conoce mejor a un gato que la persona que convive con él todos los días. Si notas que algo no encaja con su comportamiento habitual, confía también en tu intuición y consulta con un veterinario. En la mayoría de ocasiones probablemente no sea nada grave, pero cuando realmente existe un problema, detectarlo a tiempo puede marcar una gran diferencia.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que un gato vomite de vez en cuando?
Sí. Un vómito puntual, especialmente si se trata de una bola de pelo o después de comer demasiado rápido, puede entrar dentro de la normalidad.
¿Cuántas veces puede vomitar un gato antes de preocuparme?
Si vomita varias veces en pocas horas, durante varios días seguidos o aparecen otros síntomas, conviene acudir al veterinario.
¿Por qué mi gato vomita espuma blanca?
Puede deberse a que el estómago está vacío, aunque también puede estar relacionado con problemas digestivos. Si ocurre con frecuencia, debe valorarlo un profesional.
¿Qué hago si mi gato ha vomitado y no quiere comer?
Si rechaza el alimento durante varias horas o continúa vomitando, lo más recomendable es acudir al veterinario para averiguar la causa.