Tener dos gatos en casa puede ser una experiencia genial. Pueden acabar durmiendo juntos, jugando, persiguiéndose por el pasillo o simplemente compartiendo el sofá como si siempre hubieran vivido juntos. Pero también hay algo que conviene tener claro desde el principio: que dos gatos se lleven bien no significa que debamos ponerlos juntos desde el primer día.
Cuando llega un segundo gato a casa es bastante habitual pensar que lo mejor es dejar que se conozcan cuanto antes. Abres el transportín, dejas salir al nuevo y esperas a ver qué hace el gato que ya vivía allí. A veces funciona, pero también puede acabar en bufidos, persecuciones, miedo y una primera impresión bastante difícil de corregir después.
Los gatos necesitan tiempo para acostumbrarse a un nuevo individuo dentro de su territorio. Por eso, si estás pensando en incorporar otro gato a casa, creo que merece mucho más la pena hacer las cosas despacio que intentar que se hagan amigos en 24 horas.
Antes de presentar a los dos gatos
Lo primero que haría es preparar una habitación independiente para el gato nuevo. No hace falta que sea una habitación enorme ni especialmente bonita. Lo importante es que sea tranquila y que tenga todo lo necesario: comida, agua, arenero, un lugar donde esconderse, una cama, un rascador y algunos juguetes.
El gato nuevo necesita tener un espacio que pueda considerar suyo mientras empieza a acostumbrarse a los olores y sonidos de la casa. Además, esto permite que el gato que ya vivía allí no sienta que de repente ha perdido todo su territorio.
Cats Protection recomienda precisamente comenzar las presentaciones manteniendo a los gatos separados y avanzar poco a poco, empezando por el intercambio de olores antes de permitir el contacto visual.
Y aquí hay algo importante: que uno de los gatos parezca preparado no significa que el otro también lo esté. El ritmo debe marcarlo el gato que esté teniendo más dificultades.
No los pongas cara a cara el primer día
Sé que esta es probablemente la parte que más cuesta. Has llevado a casa al nuevo gato, estás deseando ver qué hace el otro y quieres saber inmediatamente si se van a llevar bien. Pero precisamente ese primer encuentro puede ser el peor momento para hacerlo.
Imagínate llegar a un lugar completamente desconocido y encontrarte de repente con otro animal que no conoces. Para nosotros puede ser simplemente «otro gato». Para ellos puede significar que hay un desconocido dentro de su territorio.
Por eso, durante los primeros días, cada uno debería poder estar tranquilo en su propio espacio. No necesitan verse para empezar a conocerse. De hecho, pueden empezar a hacerlo a través del olor.
El olor es la primera presentación
Esta es probablemente una de las partes más interesantes del proceso. Los gatos utilizan muchísimo el olfato para obtener información sobre otros animales, así que podemos aprovecharlo para que ambos se acostumbren progresivamente a la presencia del otro.
Puedes utilizar dos pequeños paños o mantas limpias. Con uno puedes acariciar suavemente al primer gato, especialmente alrededor de las mejillas y la cabeza, y después dejarlo en la habitación del gato nuevo. Haz lo mismo al revés.
No tienes que acercarle el paño a la cara ni obligarlo a olerlo. Simplemente déjalo en un lugar donde pueda acercarse si quiere. Si lo investiga y después continúa con su vida, estupendo. Si lo evita completamente, probablemente todavía necesita más tiempo.
El intercambio de olores es precisamente una de las primeras fases recomendadas antes de pasar a las presentaciones visuales.
También puedes intercambiar objetos. Una manta, una cama pequeña o algún juguete pueden servir perfectamente. La idea no es que los gatos entiendan conscientemente que «este olor pertenece al otro gato», sino conseguir que ese olor deje de ser algo completamente extraño.
Con los días, ese olor empezará a formar parte de su entorno y eso puede hacer que el encuentro posterior resulte mucho menos brusco.
No tengas prisa por pasar a la siguiente fase
Este es uno de los puntos que más me gustaría destacar. No hay un número mágico de días que tengas que esperar. Puede que dos gatos estén preparados para avanzar después de unos días y que otros necesiten bastante más tiempo.
Cats Protection señala que la adaptación entre gatos puede durar desde un día hasta varias semanas y recomienda no apresurar el proceso.
Yo no utilizaría un calendario del tipo «día 1 olores, día 3 se ven, día 5 juntos», porque los gatos no funcionan así. Si un martes los dos están tranquilos con los olores pero el miércoles uno empieza a bufar al acercarse a la puerta, no tiene sentido avanzar simplemente porque «tocaba».
Es mejor retroceder un paso.
El siguiente paso: que puedan verse sin tocarse
Cuando ambos gatos ya toleren bien el olor del otro, puedes empezar a trabajar el contacto visual. Aquí necesitamos una barrera. Puede ser una puerta de cristal, una barrera de malla o una puerta de seguridad adaptada para que puedan verse sin tener acceso físico directo.
La ventaja es que ambos gatos pueden observarse y, al mismo tiempo, retirarse si se sienten incómodos. Y esto último es muy importante. Nunca deberías obligar a un gato a acercarse al otro.
Si uno quiere mirar desde lejos, que mire desde lejos. Si prefiere marcharse, que pueda hacerlo. Si se acerca por iniciativa propia, perfecto.
Estamos intentando que el otro gato deje de significar «amenaza» y empiece a significar simplemente «presencia normal».
¿Qué hago si se bufan?
No significa necesariamente que la convivencia vaya a ser imposible. Un bufido es una forma de comunicación y puede aparecer durante una presentación.
Lo importante es observar el conjunto del comportamiento. Si un gato ve al otro, bufa y después se marcha, puede estar diciendo básicamente que necesita distancia. Eso es diferente a una situación en la que los gatos muestran una escalada clara de tensión, intentan lanzarse contra la barrera o permanecen completamente fijados en el otro.
En ese caso, yo no intentaría seguir avanzando. Volvería a una fase anterior y daría más tiempo.
Las presentaciones deben avanzar cuando ambos gatos están relativamente tranquilos, no cuando simplemente conseguimos que estén físicamente cerca.

Utiliza comida y juego para crear asociaciones positivas
Una estrategia que puede ayudar mucho es aprovechar los momentos en los que los gatos están tranquilos para ofrecerles algo positivo.
Por ejemplo, puedes darles comida a ambos en lados opuestos de una puerta cerrada. Al principio puede haber bastante distancia. Con el tiempo, si ambos están cómodos, puedes ir acercando progresivamente los platos.
La idea es sencilla: el otro gato empieza a aparecer asociado a algo agradable.
También puedes utilizar premios o sesiones de juego, siempre que ninguno de los dos esté demasiado nervioso. No necesitas montar una situación artificial. Simplemente quieres que la presencia del otro deje de ser un acontecimiento negativo.
El primer encuentro sin barrera
Cuando los dos gatos ya pueden verse sin mostrar una reacción importante, llega uno de los momentos más delicados: el primer contacto directo.
Hazlo en un espacio donde ninguno se sienta atrapado. Esto es muy importante. Los gatos deberían tener posibilidad de alejarse, esconderse o subir a un lugar elevado.
No los coloques en una habitación pequeña y cierres la puerta esperando que «se acostumbren». Eso elimina precisamente una de las cosas que más necesitan: la posibilidad de controlar la distancia.
El primer encuentro tampoco tiene que durar media hora. Puede durar unos minutos. Si se huelen, se observan y después cada uno sigue por su lado, para mí sería una buena primera experiencia.
No necesitas conseguir que jueguen juntos.
Si se ignoran, es una buena señal
A veces esperamos demasiado de una presentación. Queremos ver que se huelan, jueguen y se tumben juntos. Pero si el primer encuentro consiste en que uno mira al otro durante unos segundos y después se va a dormir, tampoco está mal.
De hecho, ignorarse puede ser una señal estupenda.
Significa que el otro gato empieza a formar parte del entorno sin ser suficientemente importante como para provocar una reacción constante.
Con el tiempo pueden empezar a acercarse más. O pueden mantener una relación bastante independiente. Ambas cosas pueden ser perfectamente válidas.
¿Tienen que convertirse en mejores amigos?
No.
Este punto me parece importante porque existe la idea de que si tienes dos gatos deberían dormir juntos y jugar todo el día. No necesariamente.
Hay gatos que se vuelven inseparables. Otros simplemente aprenden a convivir. Y también hay gatos que prefieren mantener cierta distancia dentro de la misma casa.
El objetivo inicial no debería ser conseguir una amistad perfecta. El objetivo es conseguir una convivencia tranquila y segura.
Si después aparecen juegos, acicalamiento mutuo o empiezan a dormir juntos, fantástico. Pero no hay que forzar esa relación.
Los gatos tienen personalidades muy diferentes y no todos tienen las mismas necesidades sociales.
Cada gato debería tener sus propios recursos
Este es otro aspecto que puede marcar una diferencia enorme. Si tienes dos gatos, no deberías hacer que compitan constantemente por las cosas importantes.
Comida, agua, areneros, camas, rascadores y escondites deberían estar disponibles en diferentes zonas de la casa.
Una recomendación práctica es tener los recursos necesarios para cada gato y añadir alguno extra cuando sea posible. Por ejemplo, si tienes dos gatos, no colocaría un único arenero en medio del salón esperando que los dos lo compartan sin problemas.
Distribuir los recursos permite que cada uno tenga opciones y reduce la sensación de competencia.
Esto es especialmente importante si uno de los gatos es más dominante o territorial. Tener varias zonas de descanso y diferentes lugares para comer o utilizar el arenero permite que puedan evitarse cuando lo necesiten.
La casa también debe tener espacios verticales
Algo que a veces olvidamos es que los gatos no viven únicamente en el suelo.
Una estantería segura, un árbol para gatos, una plataforma o simplemente algún mueble al que puedan subir puede proporcionarles una forma de escapar visualmente del otro.
Esto puede ser especialmente útil cuando uno de los gatos es más activo o insistente.
Imagina que uno quiere jugar y el otro quiere dormir. Si el segundo puede subirse a un lugar elevado y descansar sin que el primero lo moleste, la convivencia será mucho más sencilla.
Por eso, cuando pienses en preparar la casa para dos gatos, no pienses únicamente en añadir más cosas. Piensa también en crear diferentes espacios.
¿Y si uno persigue al otro?
Aquí hay que distinguir entre juego y conflicto.
Una persecución ocasional puede formar parte del juego, especialmente si ambos gatos participan y pueden parar cuando quieren. Pero si siempre es el mismo gato quien persigue y el otro intenta escapar, se esconde o evita determinadas zonas de la casa, ya tenemos una situación diferente.
También hay que prestar atención a los bufidos continuos, gruñidos, pelo erizado, golpes, bloqueo de accesos a comida o areneros y otros signos de tensión.
Si esto ocurre, no conviene esperar simplemente a que «se arreglen». Puede ser necesario separarlos y volver a una fase anterior de la introducción.
Nunca dejes que «lo solucionen peleándose»
Esta es una de las cosas que evitaría completamente.
A veces se escucha el consejo de dejar que dos gatos se peleen para que establezcan quién manda. No me parece una buena estrategia.
Una pelea puede provocar lesiones y, además, puede crear una asociación negativa muy fuerte entre ambos.
Si llegan a pelearse, sepáralos de forma segura y vuelve atrás en el proceso. Y algo importante: no metas las manos entre dos gatos que están peleando, porque puedes resultar herido.
¿Es más fácil introducir un cachorro que un gato adulto?
No necesariamente.
A veces un gato adulto puede tolerar mejor a un cachorro porque lo percibe como una amenaza menor, pero tampoco podemos darlo por hecho. Un cachorro puede ser extremadamente energético y molesto para un gato adulto que lleva años disfrutando de una vida tranquila.
Por eso, más que pensar únicamente en la edad, yo tendría en cuenta el carácter.
Un gato muy activo puede llevarse peor con uno que necesita tranquilidad que dos gatos con niveles de energía similares.
También importan las experiencias anteriores con otros gatos.
¿Y si mi gato ya ha vivido con otros gatos?
Es una buena señal, pero no es garantía.
Que tu gato haya convivido anteriormente con otro gato no significa automáticamente que vaya a aceptar a cualquier gato nuevo. Los gatos pueden desarrollar vínculos muy específicos con determinados individuos.
De hecho, un gato que anteriormente convivió con otro puede necesitar igualmente una presentación progresiva cuando llega un nuevo compañero.
Por eso, siempre conviene hacer las cosas poco a poco.
¿Cuánto tiempo puede tardar?
Aquí vuelve a aparecer la misma respuesta: depende.
Puede haber gatos que en pocos días ya estén compartiendo espacios sin problemas. Otros pueden necesitar semanas. Y en algunos casos la convivencia seguirá necesitando cierta gestión durante bastante tiempo.
Lo importante es no interpretar la velocidad como una competición.
No ganas nada porque tus gatos estén juntos en tres días si después pasan los siguientes meses estresados. Prefiero muchísimo más una introducción lenta que una presentación precipitada.
Si tienes que volver atrás, no significa que hayas fracasado
Esto también es importante.
Supongamos que todo va muy bien. Los gatos se han acostumbrado a los olores, después se han visto a través de una barrera y finalmente han tenido algunos encuentros tranquilos.
Pero un día uno de ellos se pone nervioso.
No pasa nada.
Puedes volver a separarlos y trabajar otra vez con los olores o con el contacto visual. No significa que hayas vuelto al punto de partida.
Simplemente significa que ese paso todavía necesitaba más tiempo.
El proceso de introducción debe adaptarse a las reacciones de los gatos y puede ser necesario retroceder si muestran que no estaban preparados para avanzar.
Una cosa que suele funcionar mejor de lo que parece
Hay algo bastante sencillo que puede ayudarte durante todo el proceso: hacer vida normal.
No conviertas la llegada del segundo gato en el acontecimiento principal de la casa durante semanas. Mantén las rutinas habituales del gato que ya vivía allí. Sus horarios, sus momentos de juego y sus lugares favoritos deberían seguir existiendo.
El nuevo gato también necesita crear sus propias rutinas.
Esto puede ayudar a que ninguno sienta que la llegada del otro ha cambiado absolutamente todo.
Y, sobre todo, no olvides prestar atención al gato residente. A veces ponemos tanta atención al recién llegado que el gato que ya estaba en casa acaba recibiendo menos interacción de la habitual.
Y eso tampoco ayuda.
Cuando finalmente empiezan a convivir
Llega un momento en el que los dos pueden estar en la misma habitación sin que ocurra nada importante.
Uno está en el sofá. El otro está en el suelo. Uno come. El otro se lava.
Y no pasa absolutamente nada.
Ese momento es mucho más importante de lo que parece, porque significa que han aprendido que compartir espacio no supone necesariamente un conflicto.
A partir de ahí, la relación puede evolucionar de muchas maneras. Quizá empiecen a jugar, quizá duerman cerca, quizá se acicalen o quizá cada uno siga haciendo su vida.
Cualquiera de esas posibilidades puede ser una buena convivencia.
No busques una amistad perfecta, busca tranquilidad
Si tuviera que resumir todo este proceso en una sola idea, sería esta:
No intentes que dos gatos se quieran. Ayúdales primero a sentirse seguros compartiendo el mismo hogar.
El resto llegará, o no llegará.
Y está bien.
Hay gatos que terminan siendo inseparables y otros que simplemente aprenden a respetar el espacio del otro. Lo verdaderamente importante es que ninguno viva constantemente escondido, asustado o intentando defender sus recursos.
Si les das tiempo, espacio y suficientes recursos, las posibilidades de conseguir una convivencia estable aumentan muchísimo.
Y aunque pueda parecer que al principio no está pasando nada, cada día en el que los dos gatos se acostumbran un poco más al olor, a los sonidos y a la presencia del otro ya forma parte de la adaptación.
A veces, con los gatos, avanzar significa simplemente no tener prisa.
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Preguntas frecuentes
¿Puedo juntar a dos gatos directamente?
No es lo más recomendable. Una presentación gradual suele ofrecer mejores posibilidades de conseguir una convivencia tranquila. Lo ideal es comenzar separándolos y acostumbrándolos primero al olor del otro.
¿Cuánto tiempo debo mantener separados a dos gatos?
No existe un plazo universal. Algunos necesitarán pocos días y otros varias semanas. Debes avanzar según el comportamiento de ambos, no según un calendario.
¿Es normal que se bufen al conocerse?
Puede ocurrir. Un bufido puede ser una señal de que uno de los gatos necesita distancia. Si la tensión aumenta o aparecen intentos de ataque, conviene separarlos y volver a una fase anterior.
¿Debo dejar que mis gatos se peleen para que se acostumbren?
No. Las peleas pueden provocar lesiones y aumentar el conflicto entre ellos. Es mejor controlar las presentaciones y avanzar progresivamente.
¿Cuántos areneros necesito para dos gatos?
Como referencia práctica, suele recomendarse disponer de un arenero por gato y uno adicional cuando sea posible. Además, es conveniente distribuirlos en diferentes zonas para evitar que un gato bloquee el acceso al otro.
¿Qué hago si uno de los gatos persigue constantemente al otro?
Sepáralos si la persecución genera miedo o estrés y vuelve a una fase anterior de la introducción. También conviene revisar si ambos tienen suficientes espacios de descanso, escondites y recursos.
¿Mis gatos tienen que dormir juntos para llevarse bien?
No. Pueden tener una convivencia perfectamente buena sin dormir juntos ni jugar entre ellos. Lo importante es que puedan compartir el hogar sin miedo, tensión constante o competencia por los recursos.
¿Qué hago si después de varias semanas siguen sin llevarse bien?
Si existe tensión persistente, peleas, marcaje, problemas con el arenero o alguno de los gatos vive escondido, es recomendable consultar con un veterinario y, si es necesario, con un profesional especializado en comportamiento felino.
