Viajar con un gato no suele ser tan sencillo como meterlo en el transportín, coger las llaves y salir de casa. Mientras que algunos gatos parecen llevar bastante bien los desplazamientos, para otros el simple hecho de ver el transportín ya es suficiente para desaparecer debajo de la cama.
Y la verdad es que tampoco resulta extraño. Los gatos son animales muy ligados a su territorio y a sus rutinas. De repente los metemos en un espacio cerrado, los sacamos de casa, aparecen ruidos desconocidos, olores diferentes y, si el trayecto es largo, además tienen que permanecer allí durante bastante tiempo.
Aun así, se puede viajar con un gato de una manera mucho más tranquila si preparamos bien el viaje y, sobre todo, si no dejamos toda la preparación para el último momento.
En mi opinión, gran parte del problema no está en el viaje en sí, sino en todo lo que ocurre antes. Un gato que nunca ha visto un transportín, nunca ha viajado y de repente se encuentra encerrado dentro de él probablemente no va a entender que simplemente vais a hacer un trayecto de una hora. Para él, todo ocurre de golpe.
Por eso, cuanto más familiar sea el proceso, mejor.
El transportín no debería aparecer solo el día del viaje
Este es probablemente uno de los cambios más sencillos que puedes hacer.
En muchas casas el transportín vive escondido en un armario y solamente aparece cuando toca ir al veterinario. Después nos preguntamos por qué el gato sale corriendo cuando lo ve.
Tiene bastante sentido desde su punto de vista. Si cada vez que aparece ese objeto termina en una situación que no le gusta, acabará asociándolo con algo negativo.
Por eso, si sabes que vas a viajar próximamente, puedes sacar el transportín varios días o incluso semanas antes. Déjalo abierto en una habitación donde el gato pase tiempo y coloca dentro una manta que ya conozca.
Al principio puede ignorarlo completamente. No pasa nada. La idea es que deje de parecer un objeto extraño.
Si algún día entra voluntariamente, tampoco hace falta cerrar la puerta. Puedes dejar que entre, huela y vuelva a salir. Incluso puedes poner dentro algún premio o juguete que le guste.
Con el tiempo, el transportín puede pasar de ser «esa caja que aparece antes de algo horrible» a ser simplemente otro objeto de la casa.
Cats Protection también recomienda acostumbrar al gato al transportín y mantenerlo accesible para reducir el estrés asociado a los desplazamientos.
Elige bien el transportín
No todos los transportines son iguales y tampoco hace falta comprar el más caro del mercado.
Lo importante es que sea resistente, seguro, tenga suficiente ventilación y permita al gato estar en una posición cómoda. También es bastante práctico que pueda abrirse fácilmente para introducir y sacar al gato sin tener que forcejear con él.
El tamaño también importa. El gato debería poder ponerse de pie, girarse y cambiar de posición dentro del transportín. Pero tampoco conviene comprar uno gigantesco pensando que cuanto más espacio tenga, mejor: durante un trayecto, un espacio demasiado grande puede hacer que el gato se mueva constantemente de un lado a otro.
Yo prestaría especial atención a que tenga una base estable. Si el transportín se mueve cada vez que el coche gira o frena, el viaje puede resultar mucho más incómodo.
Una manta con su olor, casi imprescindible
Preferiblemente una que tenga un olor familiar. Una manta que el gato utilice habitualmente puede hacer que el interior del transportín resulte bastante más reconocible. También puedes utilizar una toalla si es lo que tienes por casa.
Eso sí, conviene llevar alguna manta de repuesto si el viaje es largo. Si el gato vomita, se hace pis o simplemente la manta acaba mojada, agradecerás tener otra preparada.
Y hay otro pequeño detalle que puede ayudar: evita estrenar una manta completamente nueva justo el día del viaje. Cuando un gato está nervioso, los olores conocidos pueden jugar a nuestro favor.
La comida, mejor con margen antes de salir
Depende bastante de la duración del trayecto y de cómo tolere el viaje tu gato.
Si suele marearse, darle una comida abundante justo antes de salir puede no ser la mejor idea. Algunos gatos pueden vomitar durante el trayecto y, además del mal rato, el transportín quedará bastante incómodo para el resto del viaje.
Para trayectos largos, merece la pena hablar con el veterinario sobre cómo organizar la alimentación y el agua antes y durante el desplazamiento. No conviene experimentar con medicamentos por nuestra cuenta: si el gato se pone extremadamente nervioso al viajar o vomita habitualmente, el veterinario puede valorar la situación y recomendarte la mejor opción.
Cómo meter al gato en el transportín sin convertirlo en una persecución
Aquí es donde muchas veces empieza el caos. Ves que falta poco para salir, buscas al gato y, por supuesto, ha decidido esconderse en el rincón más inaccesible de la casa. Después empieza una persecución por el salón.
Yo intentaría evitar esa situación siempre que sea posible.
Si has acostumbrado al gato al transportín previamente, todo será mucho más fácil. Pero si no ha sido así y tienes que introducirlo, intenta hacerlo con calma y sin perseguirlo por toda la vivienda.
Cierra las puertas de las habitaciones donde no necesitas que esté y reduce las posibilidades de que pueda esconderse en lugares complicados. Si el transportín tiene una apertura superior, puede resultar más sencillo introducir al gato desde arriba en algunos casos.
Lo importante es evitar movimientos bruscos y no convertir los últimos minutos antes de salir en una experiencia aterradora.
El transportín siempre sujeto, nunca en brazos
Aunque pueda parecer más cómodo, el transportín debería ir siempre correctamente asegurado durante el desplazamiento.
Si viajas en coche, lo importante es que no pueda moverse libremente durante el trayecto. Un frenazo puede hacer que el transportín salga despedido o se desplace de manera peligrosa.
Además, tampoco recomiendo abrirlo durante el viaje aunque el gato esté maullando. Puede resultar muy tentador pensar que necesita salir un momento, pero un gato asustado puede escaparse en cuestión de segundos y terminar debajo de los pedales, saltando por una puerta abierta o incluso saliendo corriendo en una zona desconocida. Es mucho más seguro mantenerlo dentro del transportín.
Ubicación del transportín en el coche
Lo más importante es que quede estable y seguro, siguiendo las recomendaciones del fabricante del transportín y del vehículo. También hay que evitar que quede expuesto a temperaturas extremas o al sol directo.
Esto es especialmente importante en verano. Un coche puede calentarse muchísimo incluso en poco tiempo y los gatos son sensibles a las temperaturas elevadas. Si el viaje se realiza en un día caluroso, procura que el habitáculo esté correctamente climatizado y nunca dejes al gato solo dentro del coche. Ni siquiera «cinco minutos».
¿Por qué mi gato maúlla durante todo el viaje?
Puede hacerlo por estrés, miedo, incomodidad o simplemente porque no está acostumbrado al movimiento. Y escuchar a tu gato maullar desde el transportín durante todo el trayecto puede ser bastante angustiante.
Pero intenta no interpretar automáticamente el maullido como una señal de que está sufriendo una emergencia. Observa también su comportamiento general: si respira con normalidad, mantiene una postura razonablemente estable y no presenta otros signos preocupantes, puede estar simplemente protestando por una situación que no le gusta.
Hablarle con una voz tranquila puede ayudar a algunos gatos, aunque otros prefieren que el ambiente sea lo más silencioso posible. Cada gato es diferente. Si decides poner música, evita volúmenes altos o cambios bruscos: el objetivo es que el entorno sea lo más predecible posible.
Viajar en avión con un gato
Si el viaje es en avión, la preparación es todavía más importante.
Las condiciones dependen de la compañía aérea, del país de destino y del tipo de vuelo, por lo que no deberías dar por hecho que las normas son iguales en todos los casos. Antes de comprar el billete, comprueba directamente con la aerolínea sus requisitos para viajar con animales: dimensiones del transportín, peso permitido, documentación, vacunas y si el gato puede viajar contigo en cabina.
La IATA (Asociación de Transporte Aéreo Internacional) publica pautas generales sobre transporte de animales vivos que muchas aerolíneas usan como referencia para sus propias normas, aunque cada compañía puede añadir sus propios requisitos.
También debes revisar los requisitos del país al que vas a viajar: dependiendo del destino, pueden ser necesarios determinados documentos, identificación mediante microchip, vacunas o certificados veterinarios. No dejes esto para la semana del viaje — si vas a viajar internacionalmente, empieza a prepararlo con bastante antelación.
Qué llevar según el tipo de viaje
La lista de cosas imprescindibles cambia bastante según la duración y el medio de transporte:
| Trayecto corto en coche (menos de 1h) | Trayecto largo en coche | Avión | |
|---|---|---|---|
| Transportín | Sí | Sí, homologado para vehículo | Sí, según medidas de la aerolínea |
| Manta con su olor | Sí | Sí + una de repuesto | Sí |
| Agua y comida | Opcional | Recomendable | Según normativa de la aerolínea |
| Arenero de viaje | No suele hacer falta | Recomendable | Normalmente no aplica |
| Documentación (microchip, vacunas) | No | Si cruzas de comunidad, llévala igualmente | Imprescindible, revisar con antelación |
| Consulta previa al veterinario | No necesaria | Recomendable si el gato se marea o estresa mucho | Muy recomendable |
Los viajes en coche pueden mejorar con la práctica
Hay gatos que después de varios viajes terminan tolerando el coche bastante mejor. Al principio todo puede ser un drama: el transportín, la puerta, el motor, los primeros kilómetros, los maullidos.
Pero después de varias experiencias positivas, algunos gatos entienden que el viaje no significa necesariamente que vaya a ocurrir algo terrible.
Eso sí, no intentaría empezar entrenándolo con un viaje de cinco horas. Puedes comenzar dejando el transportín abierto en casa, después introducir pequeños periodos dentro del coche sin moverlo y, si lo tolera bien, hacer trayectos muy cortos — por ejemplo, una vuelta de diez minutos. Después puedes aumentar progresivamente la duración, para que el gato tenga tiempo de acostumbrarse a cada paso.
Si tu gato se marea
Si babea mucho, vomita o muestra signos claros de mareo durante los viajes, coméntalo con tu veterinario. El mareo y el estrés pueden aparecer juntos y puede ser difícil saber cuál está provocando cada comportamiento.
No le des medicamentos humanos ni productos para el mareo sin consultar previamente con un profesional. El veterinario puede valorar si existe un problema de salud, si se trata de cinetosis o si el estrés está desempeñando un papel importante — y si el gato necesita algún tratamiento para futuros desplazamientos, será mucho mejor saberlo antes del día del viaje.
Si vas a cambiar de casa, la preparación es diferente
Mudarse con un gato no es exactamente lo mismo que hacer un viaje de unas horas. En una mudanza, el gato va a perder temporalmente su entorno habitual y después tendrá que empezar a adaptarse a otro.
En ese caso, yo prepararía una habitación tranquila en la nueva vivienda antes de dejar que explore toda la casa. El gato puede pasar inicialmente allí con sus recursos habituales: comida, agua, arenero, cama, escondite y objetos con olores familiares. Cuando empiece a sentirse cómodo, puedes permitirle explorar progresivamente el resto de la vivienda.
Esto se parece bastante al proceso que comentábamos en nuestro artículo sobre cómo hacer que un gato se adapte a una casa nueva, y también te puede venir bien el de cómo preparar una casa para la llegada de un gato, porque muchos de los mismos principios funcionan cuando el animal tiene que adaptarse a un nuevo entorno.
Si el viaje es para ir al veterinario
Si el viaje es precisamente para acudir al veterinario, intenta no sacar el transportín únicamente unos minutos antes de salir — puede reforzar todavía más la asociación negativa.
Si tienes tiempo, deja el transportín abierto varios días antes y permite que el gato lo explore, con una manta familiar dentro. Una vez en la clínica, no abras el transportín en la sala de espera salvo que el veterinario te lo indique o exista un motivo concreto: algunos gatos se ponen todavía más nerviosos cuando tienen que estar cerca de otros animales.
No hace falta que el viaje sea perfecto
A veces pensamos que si nuestro gato maúlla, se mueve o parece incómodo durante el viaje significa que lo estamos haciendo todo mal. No necesariamente.
Viajar no es una actividad natural para un gato y algunos simplemente nunca van a disfrutar especialmente de ello. El objetivo no es conseguir que se convierta en un gato que adore viajar, sino hacer que el desplazamiento sea lo más seguro y tranquilo posible. Si conseguimos reducir el estrés, evitar riesgos y mantener unas condiciones adecuadas, ya estamos haciendo mucho.
Después de llegar, tampoco tengas prisa
Una vez llegues a tu destino, el viaje todavía no ha terminado desde el punto de vista del gato.
Si se trata de una casa nueva, prepara previamente una habitación tranquila donde pueda instalarse. Abre el transportín y deja que salga cuando quiera: puede que salga inmediatamente, puede que se quede dentro unos minutos, o puede que se esconda debajo de la cama. No lo fuerces.
Si has viajado con él para pasar unos días en otra casa, intenta mantener sus rutinas habituales tanto como sea posible. Utiliza su comida de siempre, sus objetos habituales y, si puedes, lleva alguna manta o cama que tenga su olor. Los gatos suelen adaptarse mejor cuando el nuevo entorno contiene elementos familiares.
¿Merece la pena llevarlo de vacaciones?
Esto es algo que muchas veces no nos planteamos. Si vas a pasar tres días en un lugar nuevo y el viaje supone cuatro horas de coche en cada dirección, quizá no sea la mejor experiencia para todos los gatos.
No todos los gatos disfrutan de los cambios. En algunas situaciones puede ser mejor que el gato permanezca en casa con una persona de confianza que pueda cuidarlo, especialmente si el viaje es corto y el gato está muy ligado a su territorio.
No existe una única respuesta válida. Depende de la personalidad del gato, la duración del viaje, el destino y las condiciones en las que vaya a quedarse.
Lo que yo prepararía antes de salir
Antes de un viaje con un gato, intentaría tenerlo todo preparado el día anterior: transportín, manta, agua, comida, bolsas, toallas, documentación si hace falta y cualquier medicación que el veterinario haya indicado.
Así, el día del viaje no estás buscando cosas mientras el gato te mira desde debajo del sofá. Y créeme, cuanto menos estrés tengas tú, mejor: los gatos también pueden percibir nuestros cambios de comportamiento. Si estás corriendo por toda la casa, moviendo muebles, hablando alto y persiguiéndolo porque quedan cinco minutos para salir, probablemente no estés ayudando demasiado a que se calme.
Preparar las cosas con tiempo parece un detalle pequeño, pero puede cambiar bastante la experiencia.
En resumen: viajar con un gato es cuestión de preparación
No creo que exista un truco mágico para conseguir que todos los gatos disfruten viajando. Algunos se adaptarán rápidamente y otros seguirán protestando cada vez que vean el transportín. Pero sí podemos hacer que la experiencia sea mucho más sencilla.
Acostumbrar al gato al transportín, utilizar olores familiares, mantener el ambiente tranquilo, asegurar correctamente el transportín y evitar cambios bruscos son cosas bastante sencillas que pueden marcar una diferencia importante.
Y sobre todo, no tengas miedo de ir despacio. Un gato no necesita entender que «solo vamos a tardar una hora». Necesita sentir que, dentro de una situación que no controla, está seguro.
Al final, esa es probablemente la mejor forma de plantearse cualquier viaje con un gato: menos prisas, más preparación y mucha atención a cómo está reaccionando.
Preguntas frecuentes
¿Puedo dejar salir a mi gato del transportín durante un viaje en coche?
No mientras el vehículo esté en movimiento. Un gato suelto puede resultar peligroso tanto para él como para los ocupantes del vehículo. Si necesitas abrir el transportín, hazlo únicamente en un lugar completamente seguro.
¿Puedo darle un calmante a mi gato antes de viajar?
No debes administrar medicamentos por tu cuenta. Si tu gato se pone muy nervioso o se marea durante los viajes, consulta con un veterinario para que valore si necesita algún tratamiento y cuál sería apropiado.
¿Es mejor viajar con el gato o dejarlo en casa?
Depende del gato y del viaje. Para desplazamientos cortos, algunos gatos pueden estar mejor quedándose en su entorno habitual con una persona de confianza. Si el viaje es necesario o vais a estar fuera durante bastante tiempo, llevarlo puede ser la opción adecuada siempre que puedas garantizar unas buenas condiciones.
¿Qué documentos necesito para viajar en avión con mi gato?
Depende de la aerolínea y del país de destino. Lo habitual es que pidan identificación mediante microchip, cartilla de vacunación al día y, en algunos casos, un certificado veterinario. Consulta siempre directamente con la aerolínea y las autoridades del país de destino antes de comprar el billete.
